Por Allí Sin Rumbo

 

Este post es una lectura obligada para nuestra comunidad.

Estábamos casados hace un año y medio, pero teníamos cuatro años juntos; fui una madre y esposa amorosa hasta el 20 de agosto del 2007. Ese día me convertí en víctima de un violento y horrible crimen, cometido por el hombre que amaba y en quien confiaba, mi esposo. Chad Payne de 32 años, disparó y mató a mi hijo Kevin de 7 años y a nuestra hija Chasmin de 2 años, y luego se mató él. Me dijeron que los encontraron juntos en el cuarto de mi hijo. Quedé devastada.

La muerte de un niño es como ningún otro dolor. No podía creer que Dios permitiera que esto sucediera. Todo lo que me definía desapareció en un instante. Ya no tenía ningún título. Era sólo Mónica.

Inmediatamente me convertí en el centro de una atención no deseada. Las personas me preguntaban por qué yo había sobrevivido, por qué no salvé a mis hijos. Y luego la acusación final: ¿habría sido yo la asesina? Fue surrealista.

Cuando todo pasó yo era un zombie funcionando. El Dios al que la gente corre, yo me encontré huyendo de Él.

Le di la espalda a mi familia y amigos que trataban de consolarme, porque la gente no sabía qué decir.

Me declaré en bancarrota por las deudas que mi esposo dejó. Parecía seguir empeorando, mi soledad me llevó a fiestas excesivas, la bebida y las relaciones sin sentido. No había manera que yo hablara del tema, hacía lo que fuera para mantenerme ocupada, así no tendría que estar a solas con mis pensamientos.

Las perforaciones en mi cuerpo y los tatuajes eran una salida para causarme dolor. Yo no me había dado cuenta de eso hasta que alguien me dijo que cada vez que eran sus cumpleaños o aniversario de sus muertes yo me hacía un tatuaje.

Me sentía insignificante, confundida y culpable por lo que había pasado, no sabía cómo odiar a mi esposo por lo que había hecho, ya que todavía lo amaba.

Mi momento de cambio fue el 8 de enero del 2011 cuando fui a casa de mi madre y la encontré muerta en su cama con un juguete del Hombre Araña de mi hijo y Dora la muñeca de mi hija. Un día antes yo había hablado con ella, me dijo cuánto extrañaba a sus nietos y cómo su corazón estaba sufriendo por la pérdida. Dijeron que ella murió por causas naturales, pero ella se había entristecido mucho y pienso que eso la mató. Fue en ese momento que me di cuenta de que mi esposo había matado a cuatro personas y que si yo no cambiaba mis caminos y comenzaba a vivir, me convertiría en su quinta víctima. Yo no dejaría que eso sucediera.

Mi madre murió un viernes, fui a la iglesia el domingo. En ese momento comencé a salir y aventurar en el mundo, comencé a viajar, socializar y a reparar las relaciones con mi familia y amigos. Comencé a compartir mi historia con cualquiera que quisiera escucharla.

¿Encontré redención total? No. ¿Logré superar el dolor? Para nada. ¿Creo que Dios permitió todo esto con una buena razón? Sí. Creo completamente que el propósito en mi vida es usar mi historia para brindar apoyo e inspirar a quienes enfrentan la adversidad.

Cada día estoy aprendiendo algo nuevo acerca de mí misma. Nunca superaré esto, pero lo conseguiré un día a la vez.

 

Nikki Payne

 

Las opiniones expresadas aquí no son necesariamente representaciones de los puntos de vista de Women For One

About the Author | Nikki Payne

Nikki Payne is a Truthteller who has risen from the ashes of personal tragedy. It was after her mother’s passing that she realized she would be the next victim if she didn’t embrace life. She decided that she would share the story of her grief so that it might change someone else’s life for the better.

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